26.02
2010

Steve McCurry en la Argentina

“Para mis retratados soy un turista, un extranjero con una cámara”
En 1984, su retrato “La niña afgana” conmovió al mundo. En Buenos Aires, donde abre una muestra, dice que un fotógrafo es frío como un cirujano. Y qué pasa cuando la tragedia pega cerca.

Steve McCurry - National Geographic - Niña Afgana

Steve McCurry - Sharbat Gula, La Niña Afgana, en el campo de refugiados en Nazir Bagh cerca de Peshawar, Pakistán, 1984.

La vida de Steve McCurry cambió para siempre en 1979, cuando se decidió a “cruzar la línea”. Hasta entonces su experiencia como fotógrafo se reducía a un par de años en un diario local de Estados Unidos. El trabajo iba bien, se acuerda de que le gustaba que publicaran sus fotos al otro día, “pero quería contar mis propias historias”. El lugar que eligió fueron las montañas de Afganistán en los meses previos a la invasión soviética. Ahí sorteó el fuego de morteros, convivió con los muyahidín y volvió con imágenes que lo convirtieron en un fotorreportero estrella al que publicaban las principales revistas del mundo.

Desde entonces, McCurry -que mañana inaugura una exposición en Buenos Aires- volvió cada año a Afganistán y ha retratado allí tanto las batallas como la vida cotidiana en pequeños aldeas.

La niña afgana, tomada en un campo de refugiados afganos de Pakistán en 1984, es una de las fotos más famosas de la historia. En 2002, casi veinte años después de hacerla, McCurry viajó a Afganistán junto a un equipo de National Geographic (en cuya portada la foto salió por primera vez) para buscar a la protagonista. “No teníamos su nombre ni su dirección, no teníamos ninguna información”. Mostraron el viejo retrato por calles y mercados afganos durante dos semanas hasta que una mujer los llevó hasta Sharbat Gula, la niña afgana. “Ella no conocía la foto, le explicamos que se había convertido en una persona muy famosa. Pese a que le interesó, no entendía del todo lo importante que era, probablemente todavía no lo entienda”, comenta McCurry.

La foto de Sharbat Gula lleva la marca de este fotógrafo estadounidense: ojos bien abiertos, miradas intensas que él ha obtenido en lugares como Paraguay, la India o Indonesia. “Sí, los ojos son lo más expresivo, son mi principal interés, me dicen mucho sobre la gente”.

¿Se prepara para las fotos?

No, las cosas pasan rápido, ¡boom!, es algo espontáneo. Llego a un lugar, doy un paseo y veo lo que me interesa. En realidad, es un trabajo bastante simple. Consiste en observar. Quizá se parezca a hacer malabares con seis bolas: está el sentido de la historia, el sentido del color, el sentido del diseño. Cada pelota es importante y tenés que asegurar que haya un balance entre los elementos.

En sus fotos hay una búsqueda de lugares apartados de los avances tecnológicos, generalmente zonas pobres. ¿Qué le interesa de eso?

En Yemen o Afganistán trabajan de forma tradicional. Todavía visten de manera diferente, su arquitectura y su comida aún son únicas, son lugares que mantienen su personalidad. En otros lados las cosas se parecen cada vez más, basta comparar una calle de Tokyo con una de Alemania. El mundo moderno pierde sus diferencias, al menos superficialmente.

¿Cómo cree que lo ven a usted las personas a las que retrata?

Para ellos soy un turista, un extranjero con su cámara. No entienden ni les importa que trabaje para la revista Life. No les importa si soy de Argentina o Turquía.

Usted ha visto muchos desastres y tragedias en primera fila. ¿Eso todavía lo afecta?

Se parece a lo que hace un cirujano. Está operando a alguien, hay sangre, lo ha abierto. Y si muere, el cirujano debe buscar algún mecanismo en su cerebro que le permita entender que lo mejor es recomponerse para poder volver a trabajar al día siguiente.

Me sorprendió ver entre las fotos una del 11 de setiembre, justo antes de que las torres cayeran. ¿Fue distinto cuando el drama golpeó cerca?

Por supuesto, la tomé desde el balcón de mi casa. Fue como cuando enchufás algo y el voltaje es demasiado alto. Fue como mi cerebro no pudiera manejarlo, fue un shock, como si alguien te golpeara pero no sintieras el golpe porque estás adormecido.

Por: Juan Manuel Bordón
Fuente: Diario Clarin

18.02
2010

Un vuelo de cabotaje es un vuelo menor. La vida no pasa por el arte y Marcos López lo entiende a la perfección. “La fotografía es una excusa para exorcizar el dolor.

Carlos Carrion La Ciudad De La Alegria

CARLOS CARRION LA CIUDAD DE LA ALEGRIA. La Argentina de los 90, parte del popurri sarcástico que es la obra de López.

Transformar en poesía la resaca de un tequila de segunda marca. Por eso me gustan los mariachis. Se les paga cuando llegan, cantan poco y se retiran sin saludar. Uno los contrata para que muestren que la alegría es posible. Por lo menos quince minutos”, aclara López.

Como es su costumbre, toma influencias de la pintura y el teatro. “Soy el bisnieto no reconocido de la unión sentimental entre Diego Rivera y Andy Warhol”, agrega Marcos López, entre risas.

La muestra tiene al Ekeko Pop (un muñeco colorido de dos metros, con fotos en la base) como centro desde donde se derraman el resto de las obras. El recorrido es un viaje comunicacional cargado de simbolismos que va de lo artesanal a lo digital. También es un resumen de sus 30 años de carrera, una cita que se remonta a sus primeras fotos en blanco y negro, al arte político de los 70, a la desmesura de los colores del altiplano o al exceso de la textura local del interior, esa estructura de kermesse que adquieren sus escenografías y personajes. Cuando se hace referencia a la conexión de su obra con su condición de santafesino, valora ser del interior porque “eso me ayuda a crear. Todavía imagino que si voy a Londres no me van a dejar entrar, tengo ese provincianismo emocional.” “En la textura de mi obra hay como una cosa trasnochada, como remakes . A la sirenita de Copenha- gue le contesto con el sireno del Río de La Plata, a la Lección de anatomía de Rembrandt, con Autopsia”. López busca siempre un anclaje local, una belleza autóctona como en las reinas provinciales: Reina de la Frutilla, de la localidad santafesina de Coronda, o Reina del Trigo, de Gálvez. La obra de López se convierte así en un documento sociopolítico, se pone el traje de cronista y observa. “Mi idea de Patria es un cartón pintado de fiesta escolar. Ese barroco lo aprendí de mis padres, que en la casa empapelaban hasta el patio. Fue mi primer diálogo con ese tipo de estética”.

Además, ahora está produciendo una película sobre Ramón Ayala (uno de los reyes del chamamé), en un paso de la foto al cine. “Para mi ese es también un vuelo de cabotaje, la ilusión de los chicos en un parque de diversiones, pero no en Disney, sino en los jueguitos de Carlos Paz, donde muchas máquinas no funcionan”.

Esta exposición itinerante recorrerá Paraná, San Juan, Mendoza, Córdoba, Neuquén, La Plata y Buenos Aires, donde llegará en octubre de 2010.

Por: Osvaldo Noval. Especial para Clarín.
Fuente: Revista Ñ

03.02
2010

En una transacción que quedará en la historia como una de las más importantes en el mundo de la fotografía, la agencia internacional Magnum

Agencia Magnum

Es una de las colecciones de fotografías más importantes del siglo XX, formada por más de 180.000 fotos. (EFE)

–fundada a fines de la década de los 40 por figuras de la profesión como Robert Capa y Henri Cartier-Bresson- le vendió su archivo completo en papel al grupo empresario que administra Dell, uno de gigantes de la computación.

El archivo, compuesto por unas 185 mil imágenes, está considerado el más valioso de la historia fotográfica. La compra fue realizada por MSD Capital, aunque no trascendió oficialmente la cifra por la que se cerró el acuerdo. Según especialistas citados por la prensa estadounidense, no bajaría de los US$ 100 millones.

De todas formas, Magnum mantendrá en su poder los derechos sobre las imágenes, que ahora se archivarán en la Universidad de Texas y son parte ya de las propiedades del multimillonario Michael S. Dell, máxima figura de uno de los dos más grandes fabricantes de computadoras, junto a Hewlett Packard.

El archivo contiene fotos de 103 de los mejores fotógrafos del siglo XX, como Capa –célebre por sus imágenes de la Guerra Civil española-, Cartier-Bresson, George Rodger, David Seymour y William Vandiver.

Fuente Diario Clarin